Fui afortunado. Con mi primer trabajo ganaba lo suficiente para llegar a fin de mes. En esa época mis finanzas personales eran muy sencillas: alquiler, préstamo del coche, supermercado, ropa y copas, por simplificar. La única herramienta que necesitaba era un lápiz y un cuaderno de papel cuadriculado.
Sin embargo, a veces el mes duraba más que mi sueldo. Pensando por qué, me di cuenta de que el cuaderno lo usaba de vez en cuando, no con regularidad. Los meses en los que lo usaba con más frecuencia acababan con dinero en la cuenta. La conclusión era evidente: el control ahorraba dinero. Es lo que ahora, que parece que no tenemos palabras en español, llaman awareness… Entender la situación y el contexto genera valor, porque permite tomar mejores decisiones.
En cuanto pude, dejé el cuaderno y empecé a usar una hoja de cálculo. Con las que había entonces me ahorraba hacer las sumas y restas, y además creaba una proyección a varios meses vista.
Un amigo norteamericano me habló de Quicken y me dijo que era una app de finanzas personales muy popular en su país. Me facilitó una copia y empecé a usarla. Me encantó. Durante mucho tiempo estuve usándola, consiguiendo las actualizaciones cada vez que viajaba al Reino Unido o a Estados Unidos, porque no se vendía en España.
Con el tiempo mis necesidades financieras fueron cambiando. Me casé y tuve hijas, compré una casa, empecé a ahorrar e invertir… Mi "contabilidad" personal se complicó. Por otra parte, dejé de usar Windows y con ello tuve que buscar alternativas.
Probé prácticamente todas las apps de finanzas personales con cierta entidad. Las sencillas se quedaban cortas; las potentes asumían que eras contable. Todas hacían "algo" muy bien, pero el resto "necesitaba mejorar". Acabé combinando dos —una para registrar transacciones y controlar el presupuesto, otra para seguir la cartera— y completándolo todo con una hoja de cálculo para proyecciones a medio y largo plazo. Mantener eso al día es un latazo y consume demasiado tiempo.
El problema, me di cuenta, era estructural. Las apps que pude probar estaban diseñadas para atender o bien una necesidad básica, o bien necesidades muy complejas. Y las necesidades financieras no funcionan así: las nuevas no sustituyen a las anteriores, sino que se acumulan sobre ellas. Que ahora necesites controlar un préstamo hipotecario no hace que dejes de necesitar registrar el gasto en cervezas de ayer por la tarde. Todos pasamos por esa evolución a medida que la vida y nuestras decisiones van creando situaciones nuevas con impacto en nuestro dinero.
En esencia, las necesidades de cualquiera en relación con el control de su dinero, a lo largo del tiempo, se resumen en cinco:
- 01Saber qué pasó.
- 02Saber qué está pasando.
- 03Prever qué va a pasar si nada cambia.
- 04Prever qué va a pasar si cambio algo.
- 05Saber qué tengo que cambiar para alcanzar uno o varios objetivos.
De ahí nace Mirador Financiero. Una app que me permita conseguir todo eso de la manera más sencilla, integrada en una sola herramienta. Empecé a construirla para mí —obviamente con ayuda de un informático, porque esa parte escapa a mis posibilidades—, y en el proceso me di cuenta de que mis necesidades no son nada excepcional. Si la solución me sirve a mí, también sirve a muchos otros.
Por eso el proyecto no se queda en la app. Incorpora una plataforma de conocimiento —mío y de quienes saben más que yo— para complementar la herramienta con algo que el sistema educativo español no enseña: cómo manejar las finanzas personales. Y en eso estamos.
Mirador Financiero pretende ser una herramienta útil para el control de las finanzas personales durante todas las fases de tu vida. Ni más, ni menos.